viernes, 24 de diciembre de 2010

capitulo II - parte 2

Sueno la garganta y el se voltea a mirarme, camino hacia la cama y me siento con las piernas extendidas, aún me dolía si, pero el dolor se había hecho más soportable, y menos molesto. Camina hacia mí y se sienta en la cama al lado mío, pero con los pies pegados al suelo


-a ver, como está esta pierna- dice, agarrando mi pie suavemente.


-yo creo que ya estoy mejor- digo- ya no me duele tanto....


-eso dijo mi padre hace mucho tiempo, y eso no ha cambiado el hecho de que le falte un brazo.-al parecer lo que tienes en la pierna es un simple moretón dime, ¿como te hiciste esto?

-eh... no se, me caí, creo.


- y yo me llamo hulk, y mi tío es arnold Schwarzenegger.


-no lo dudo- digo tocando con la punta del dedo índice, su abdomen, que esta firme y... sexy- considerando... esto, es...

-gracias, le debo eso a mi tío. ya en serio.


-créeme, no tengo ninguna intención de parecer una loca.


-y créeme- dice- no tengo la más mínima intención de decirte que lo eres.


-si te digo lo que ha sucedido dirás que lo soy.


- te diré que no, aunque si lo piense así.


-gracias- le digo rascándome detrás del cuello- eso me consuela. Desde hace tiempo, me persiguen unos extraterrestres, así que decidieron atacarme hoy o...ayer, y me hirieron con una de sus armas.

-que diablos...- dice riéndose- que demonios te has estado metiendo.


-te lo dije- digo intentando ponerme de pie.


-ok...esto está totalmente fuera de lo normal. Discúlpame si te creo loca.


- no para nada.- ya de pie, señalo a la puerta - ya puedes irte.


-oye...


-si puedes irte, es mas te acompaño.- digo dando un paso, y esperándolo en el marco se la puerta, el camina lentamente, como si lamentara lo que dijo.


-lo siento, Marybeth.


-no tienes que creerme, a decir verdad, yo no me lo creería si fuera tu.


Silencio.


Ya en el marco de la puerta de entrada, observo el auto que está estacionado en la acera, supongo que no se estaciono en uno de los lugares vacios por que pensaba que mis heridas eran grandes. luego solo veo a uno de ellos, sus ojos brillan como siempre, y corre, para luego desaparecer entre la maleza del bosque, miro a Kyle, el está viendo hacia la misma dirección que yo, así que esas podrían ser pruebas contundentes de que lo que digo es verdad y que no estoy loca, en un instante todo esta normal, al otro una explosión que me ensordece, y al otro momento el hermoso y flamante audi r8 negro, había volado el mil pedazos , la explosión hizo que cayéramos uno al lado del otro, tirados en el suelo. Kyle se incorpora rápidamente, y con las manos en la cabeza exclama.


-¡mierda!- sus ojos casi salen de sus orbitas- ¡pero que demonios!.


-te lo dije- digo incorporándome también.


-pero que diablos ha sido esto, ¡mi auto!


-¿y viste que bonitos ojos tenia?


-no juegues Marybeth, mi auto esta destrozado, mi dinero estaba dentro, mis documentos estaban dentro, no tengo donde dormir, no tengo licencia, no tengo dinero.


-si quieres puedes quedarte conmigo, supongo que fue mi culpa que insistieras tanto en traerme, y tengo bastante dinero como para comprarte un nuevo auto.


-no quiero un nuevo auto, Mariela mi preciosa.


-ah... si es por tu novia ni te preocupes si quieres te llevo a donde quieras.


-no tengo novia, Mariela era mi preciosa, así le llamaba a mi auto.


-... y supongo que soy yo la loca.


-¿y que querías que hiciera?, sonabas como una demente.


-¡esto es demencia!- digo extendiendo mis brazos hacia los restos del auto.


-tienes razón, no hago nada con gritar como loco.


-¿y tu para donde ibas?-pregunto.


-no lo se- dice pasándose la mano por el pelo- solo busque mis documentos mi dinero y salí, ni siquiera sabia que rumbo tomar, y conduje por donde creí, y luego, vi un pie fuera de la carretera, no estaba seguro, así que estacione el auto, y ahí estabas tirada...

-si gracias por encontrarme, pero, ya ves, por eso estas aquí varado con una extraña, y ni siquiera me conoces.

-al parecer tu si a mi.

-mmmm, yo creo que no.

-y como es que sabes mi nombre.

-ya te dije, los Kyle's son todos iguales.

-hay si como no, me debes una explicación.

-vamos, supongo que todo es mi culpa, puedes quedarte a dormir con migo, y luego me dices que harás.

-¿no te molesta?

-para nada.

Pasos sordos por los escalones, (silencio).

Ya que en el hotel había dos camas, la mas grande que era más, y otra mas pequeña, esa seria la de Kyle.

-puedes quedarte en esta cama- digo señalando a la que seria su cama. y me lanzo a la mía.

-¿ya te dormirás?

-creo que he tenido un día demasiado largo.

-lo mismo digo.

-buenas noches- digo cubriéndome con una suave manta.

- Marybeth.

-¿que?

- no me dijiste como sabias mi nombre.

-ya te dije.

- no, no lo hiciste.

-mmmm... te vi en un sueño, y ya ves que no estoy loca, tomaste lo de tu auto muy bien, pero creo que en realidad no has captado lo que está pasando.

- que hay que hacer, supongo que decías la verdad.

-pues créeme ahora.

-eso intento.

-te vi en un sueño- digo entre un bostezo- y te llame por tu nombre, y me...- ya estoy perdiendo el hilo de mis pensamientos.

-te...

-me... gustaste.

Silencio.

-que bien- dice luego de unos segundos.- por que tu también me gustaste.

 Y me sumergí en el mundo de los sueños.

sábado, 11 de diciembre de 2010

capitulo II - parte 1

Ya tranquila en la habitación, cierro todas las cortinas, ya no entra el sol, y ya nadie puede verme. prendo el viejo estéreo en el que suena "the funeral"  de band of  horses, y con ese ambiente, mis Martens quedan cuidadosamente puestas en la alfombra verde que adorna el piso de la habitación, así como mis vaqueros quedan tirados encima de la cama y mi blusa negra junto a ellos.



En el espejo, puedo ver las ojeras debajo de mis ojos, y lo mal que me veo, noches sin dormir, no por miedo, sino por desesperación, preocupación, de que esos bastardos me encontraran desprevenida y se aprovecharan de que estaba indefensa, y sumergida en el mundo de los sueños.




Me meto en la tina, que había llenado con agua caliente, y disfruto de lo que podría llamar "paraíso" los músculos se relajan y el estrés que sentía se va desvaneciendo para así quedar completamente relajada. No tengo prisa, considerando que, esta noche cenaré bien, y dormiré bien. Cuando salgo, con el pelo empapado, lo seco con la toalla, me seco de pies a cabeza, y me pongo los mismos vaqueros, excepto que me cambio la blusa que traía por  una gris, salto a la cama, y dios... hace cuanto no disfrutaba de aquel privilegio.


Considero la opción de bajar a comer algo mas tarde, algo que se parezca a una cena. y entonces me pierdo en la inconsciencia. Cuando despierto, aun somnolienta me levanto, algo tambaleante y observo el reloj que cuelga de la pared, son las 9:00 y mis tripas gritan desesperadas por algo de comer. Había olvidado apagar el estéreo y ahora sonaba "is this love" de Bob marley, me pongo las Martens negras que tanto me encantan, apago el estéreo, y salgo con paso rápido de mi habitación con camino a el comedor.


Una vez dentro le echo un vistazo al menú, decido mandar al diablo mi idea de comer algo parecido a una cena, alitas con salsa de barbacoa, patatas fritas, y una cerveza, era lo que necesitaba, compraría una lata de coca- cola para beber en la habitación antes de dormirme, hasta lo que seria el día de mañana.


Cuando la misma señora que me atendió por la mañana se acerca, con mi pedido en una bandeja y con la misma sonrisa con la que me había atendido en la mañana, se marcha, empiezo a comer... no a devorar, y la satisfacción de tomarme una cerveza me indica que esta noche será de lo mas estupenda.


Planeo llegar a mi habitación, y solo lanzarme a la cama y soñar, solo eso. Y cuando termino de "cenar"
Recuerdo que no estaba preparada aún para echar mi linda siesta. Había dejado mi revólver en el auto, me dirijo despacio hacia la puerta de salida-entrada del local, y lo que veo me desconcierta.


No me queda mucho tiempo ellos se están acercando, así que me armo de valor y corro hacia el auto, busco el revolver que dejaba siempre en el asiento del copiloto, y salgo del auto, era un riesgo que debía correr si quería vivir para echarme un polvo.


Corro en dirección contraria a donde venían los bastardos, es que ya no les importaba que hubieran personas de por medio, personas saldrían heridas, y a los gusanoides esos no les importaba. De tanto huir y huir ya podría correr un maratón de diez kilómetros y ganaría.


Me alejo por el lado derecho de la carretera el lado donde estaba el local, pero se que me pisan los talones, y cuando volteo a ver  cuanto falta para que estén mas cerca de mi, ahí estaban... a solo un metro de distancia, nada quedaba por hacer. Me volví apuntando con el arma y le disparo a uno, la bala se le incrusta entre las cejas y cae, solo me quedan dos, y aún sabiendo que sus armas eran mas avanzadas, no me importó, le disparo al segundo, y cae, solo me queda el tercero, pero antes de que pueda dispararle, algo me impacta en la pierna y caigo.


Siento que no esta rota, pero ya estoy inconsciente, y se que es el final.


***


Cuando vuelvo a ser consiente, puedo sentir tres cosas:

  •  la pierna, como me había dado cuenta antes, no está rota.
  • estoy tirada, en el césped, y me duele bastante la cabeza.
  • y algo se me acerca, con pasos rápidos.


 Pero los gusanos no serian tan estúpidos como para ayudarme si dos de los suyos ya estaban heridos. La verdad es que no se a ciencia cierta cuanto llevo tirada aquí, es de noche, pero podría ser la noche de el día en que me hirieron o la noche del día siguiente. y cuando alguien me levanta, y me lleva en sus brazos, yo no se ni que pensar.


Mi cabeza está acomodada en su pecho, y puedo respirar su aroma, un aroma masculino. Eso es lo único que mi cerebro llega a asimilar. Oigo como se abre la puerta de un auto, siento la luz interna, y cuando parpadeo para que mis ojos se adapten ella, un grito sale de mi garganta, "diablos".


-¿es la luz?, espera un momento- y la luz se va, pero el daño está hecho, y los ojos me arden, pero ese no era del todo el problema.


-no lo hagas- digo entre gemidos, cuando la pierna empieza a palpitarme fuertemente.



-¿que quieres que te deje tirada casi en medio de la carretera?, porque eso no pasará.



-solo quiero que me dejes, y yo me las arreglaré- pero eso no era cierto- no lo hagas- le digo cuando el me acomoda en los asientos traseros, de modo que, quedo recostada de la puerta izquierda, y mis piernas se extienden por todo el asiento trasero.


-quiero que me digas si sientes que algo está roto o no- y cuando me dispongo a poner una objeción- quieres que te lleve a un hospital, o deseas que esta experiencia pase rápido.


- no, no tengo nada roto, y desearía que me escucharas cuando te digo que me dejes, me las arreglaré sola- pero el ya está tocándome la pierna.


-¿por donde te duele?- y va subiendo hacia el muslo. Cuando llega a un punto exacto de la parte trasera del muslo, dejo escapar otro grito, pero esta vez de dolor, y en verdad me dolía.


-si ahí mismo.


-bueno señorita creo que el viaje hacia el hospital solo tardará unos...30 minutos.


-¿que no me ibas a llevar si no me quejaba, pues ya lo hice ahora déjame ir- pero el solo cerró la puerta trasera, rodeo el auto, y se sentó en el asiento del conductor.


-si, pero esto parece ser algo malo, tu pierna no está sangrando, pero si estás herida.- enciende el auto, y en realidad no había tenido tiempo de pensarlo, este tipo es el mismo con el que me había soñado hoy por la mañana, ¿o fue Aller?, sea cuando allá sido, y la verdad es que se veía bien.


-oye, hay un hotel cerca a unos 3 minutos, ahí está mi auto, quiero que me dejes allá, y me las ingeniaré para curarme esto yo sola, tengo una habitación, mis cosas están allá, y... mierda tienes que regresar a donde me encontraste, mi revólver está...


-aquí, lo encontré tirado a tu lado, y no quiero pensar en lo que hacías con el, por que por lo que puedo ver, tu eres la única que a salido herida, y no había nadie por los alrededores.


-no...No había nadie.


-no.


- pues como te dije, solo déjame en el hotel.


-no.


- ¿y que piensas hacer entonces?- que persistente podría llegar a ser un extraño, cuando se trata de dejarte morir sola.- hacerla de niñera conmigo ¡¿eh?!

-no necesariamente- se pasó la mano por el pelo- solo que no quiero dejarte sola si como estás.- y con todo esto, no he preguntado tu nombre.


-me llamo Marybeth, y supongo que tu eres Kyle.


-que...mierda ¿como sabes mi nombre? Eres algo así como una psíquica o algo así.


- no, es solo que tienes cara de Kyle. Créeme conozco a muchísimos Kyle y todos son idénticos.


-no ya enserio como lo sabes- dice mirándome por el retrovisor.


-te lo digo si me dejas aquí, en el hotel.


-y que se supone que haga luego ¿irme y dejarte sola ahí? con una pierna herida y casi alucinando.


-si.


Y eso hiso. Cuando entramos al hotel, el llevándome en sus brazos, la recepcionista se quedó mirándonos.


- es la habitación número 23.


Cuando llegamos a la habitación, me saco la llave de el bolsillo, y se la paso. dentro, me coloca suavemente en la cama, y cuando intento pararme.


- ni lo intentes- me dice.


- no te preocupes Mary Poppins, solo quiero ver que tan mal está.- pero aún así me pongo de pie, y el dolor es punzante, aunque puedo caminar, miro en el mini refrigerador, y compruebo que si había coca-cola.


-¿puedo ver como esta esa pierna?- me pregunta acercándose, con unas vendas que ni siquiera se de donde las sacó. 


-supongo que si... después de que me de un baño, y me ponga cómoda.


-si quieres te ayudo con lo del baño- me dice sarcásticamente, con una sonrisa en el rostro.


- yo... paso.- dije mirándolo a los ojos, y no es que no quisiera llevármelo a la tina ya mismo, era que esta pierna me lo impediría, así que comienzo a caminar, pero doy un paso erróneo, y caigo, con un golpe sordo al suelo. El camina rápido a ayudarme.


-mierda- vuelve a tomarme de brazos- será mejor que te lleve al baño, y... tranquila, no intentaré hacer nada.


Sola en el baño, intento desvestirme, y en serio duele, pero e vivido cosas peores, ya sin ropa me miro en el espejo y la pierna no está rota, solo que tengo un gran moretón.
  

Me baño de pies a cabeza y vuelvo a hacer lo mismo que había hecho antes, no me preocupo en secarme el pelo con la estúpida secadora y lo seco con la toalla. Saco mi pijama, de la mochila que llevaba a todos los hoteles en los que me quedaba, primero me pongo la blusa azul, y luego el pantalón corto, de cuadros.

Cuando salgo a la habitación, el está parado mirando por la ventana que daba a la carretera. y la verdad es que este tipo me encantaba, buen físico ,alto, bonita cara, y a cualquier mujer le encantaría fallárselo, y eso haría, pero no hoy, lamentablemente.

miércoles, 18 de agosto de 2010

capitulo I - parte 2

La oscuridad de la cueva en la que me haya refugiado se había marchado y el resplandor del sol entraba para iluminarla, anoche me había vencido el sueño y había decidido no esperar hasta el hotel más cercano, eso no era nada importante por que ya lo había hecho un millar de veces.





Desde que comenzó mi persecución nada me importaba, excepto el hecho de que preferiría morir por decisión propia que morir en manos de esos ¨ casi – humanos¨ la diferencia entre nosotros los humanos que habitamos este planeta y ellos eran esos brillantes ojos verdes que iluminaban como una barrita fluorescente en una habitación oscura. Y el hecho de que no respiraran el mismo aire que nosotros, la verdad era que no sabía que buscaban aquí pero tampoco tenía interés alguno en descubrirlo.





Me deslicé hacia afuera de la pequeña cueva, me dolía la espalda, una vez fuera pude sentir el calor insoportable del desierto emprendería el pequeño viaje desde donde me encontraba hasta el hotel mas cercano.




Necesitaba dormir bien por que la colchoneta que usaba para dormir cuando no alcanzaba a esperar hasta algún hotel no me servía bastante que digamos. Y necesitaba un baño.



Recogí la colchoneta del piso de la cueva y tomé la lámpara que me había servido en algún momento de la noche para calmar los nervios. Enrollé la colchoneta mientras caminaba. Abrí la puerta de los asientos traseros y metí la colchoneta y la lámpara, cuando cerré la puerta el sonido que provocó me resonó dolorosamente el la cabeza, me dolía bastante.



Abrí la puerta del conductor y me deslicé dentro. Mientras ponía el motor marcha pensé que en este día tendría cosas en que pensar, ese sueño había sido tan vívido que todavía sentía la sensación de la brisa del desierto chocando contra mi cara.




Y una sola pregunta ¿Quién era ese chico por el que me había sentido tan… bien? Solo recordaba su rostro vagamente, pero el sentimiento que había sentido hacia él todavía inundaba mis pensamientos.




Llegar al hotel no me había tomado más de 10 minutos. Bajé del auto y me dirigí a la cafetería que había al lado del hotel. No había casi nadie. Solo un par de hombres con pinta de camioneros, y una pareja joven con un bebé de aproximadamente uno o dos años.



Caminé hasta el mostrador y me senté en una de los asientos vacios. La señora que atendía me miró y caminó hacia mí. Llevaba un vestido largo con un estampado floral y un delantal blanco, llevaba una gran sonrisa en el rostro y se le hacían pliegues en los ojos al sonreír.



-¿que desea jovencita? – me preguntó, con voz cálida y decidida.




-solo café, por favor.- contesté con las manos puestas en la cara que cubrían desde mi barbilla hasta los pómulos.




Dio media vuelta y se marchó, no tardó ni un minuto y ya estaba de vuelta con una tasa de café en mano.

martes, 17 de agosto de 2010

Capitulo I - parte 1

Cuando me miró, sus ojos se hacían tan familiares, era como si los hubiera visto seguidamente y fueran costumbre en mi vida. Eran de un marrón canela que combinaban perfectamente con su pelo que bailaba al ritmo de la risa cuando lo golpeaba. Estaba en paz. Por primera vez sentía paz.




Miré mi alrededor tenia que comprobarlo ¿era real esto? Por que se podría haber confundido con un sueño ¿en verdad lo tenia, en verdad estaba aquí con migo, causando una sensación de mariposas en mi estomago? El auto iba muy rápido y el conducía, la carretera estaba despejada me fijé en el pequeño cartel que indicaba cuanto faltaba para llegar a nuestro destino.




Faltaban cinco kilómetros. Estaba relajada, tanto que no me preocupó el hecho de que vinieran siguiéndonos. En cualquier momento tendríamos que acelerar y luchar por nuestras vidas.



El miraba a la carretera que estaba en frente de nosotros tan larga, inmensa y solitaria que no había ningún hotel en el que pudiéramos alojarnos. Cinco kilómetros y llegaríamos al hotel mas cercano.


Posé mi mano sobre la suya y nos miramos a los ojos, era como si nunca nos cansáramos de mirarnos como si esa fuera la manera en que nos comunicábamos, así transcurrió un largo minuto en el que no prestó atención a la carretera. Apretó mi mano con fuerza y con sus ojos entendí lo que intentaba decirme. Quería que me explicara.


- Kyle - el asintió en señal de aprobación- tienes que entender que correr no es lo mas inteligente que podríamos hacer. Tu tienes derecho a vivir tu tienes que salvarte - el abrió la boca para hablar pero yo no había terminado.- mira, yo muero con este auto y eso tienes que entenderlo y si mi muerte te salva a ti es un precio que no me importaría pagar, ellos no te encuentran, es mi rastro el que siguen si fingimos que tuve un accidente. Podría llevarte a un hotel y de ahí en el desierto hago volar en pedazos este auto. No quiero que pagues por el error que yo cometí - de sus ojos se habían ido todos esos buenos sentimientos que tenían cuando tomé su mano y ahora los nublaban el odio y la rabia, su mandíbula se había tensado y de momento sacudió su mano haciendo que la mía quedara en el aire. El iba a hablar nuevamente pero lo interrumpí- Kyle te quiero, te quiero como no e querido a nadie en bastante tiempo, pero si el que vivas depende de mí no lo dudaré y tienes que entenderme.


-¡no te pido que me protejas Marybeth, no te lo pido por que te protegeré así sea lo ultimo que haga por que te quiero también, no te estoy pidiendo que tomes una decisión tan estúpida, por que si tu mueres yo moriré contigo!- gritó y sus palabras resonaron en mi cabeza.


***

Cuando desperté el sol quemaba mi cara, miré a mí alrededor y comprobé que todo estaba en orden.